sábado, 7 de julio de 2012

Capitulo 12: Los Soyid y la pregunta


Me despierto al notar los rayos del sol chocar con mi rostro. Abro los ojos lentamente y los cierro inmediatamente, cegada por la luz. Los vuelvo a abrir hasta la mitad y me los restriego con las manos mientras un bostezo se escapa de mis labios. Me siento en el suelo y noto un bulto calentito en mi barriga, levanto la manta y veo a Bolita dormir placidamente, me levanto silenciosamente y la tapo con la manta de nuevo, para no despertarla. Miro a mí alrededor y veo a Plufah durmiendo, miro a mi derecha y veo el libro antiguo y un bol de cereales de trigo y leche, cojo el bol y empiezo a desayunar con tranquilidad y sin prisa. Me levanto al acabar, cojo el libro antiguo entre mis manos y voy a la sombra de mi árbol favorito, donde me había colocado ayer y los otros días para leerlo. Me siento, acomodándome en la verde hierba y empiezo a leer por donde me había quedado.

Los Soyid

¿Qué hacen?

Pueden correr a la velocidad de la luz y volar, son muy ágiles y libres.

Apariencia.

Suelen ser poco pesados y a la mayoría les gusta llevar el pelo largo, aunque casi siempre recogido en una cola.

Carácter.

Son muy libres e impulsivos. No les gusta estar en espacios cerrados, prefieren sitios donde corra el viento y donde puedan sentirse liberados.

¿Cómo corren y vuelan?

Corren como cualquier ser humano, la diferencia es que van muchísimo más rápido. Vuelan pensando en el viento, los Soyid piensan en el viento y, mentalmente, se comunican con el, pidiéndole permiso para volverse ligeros, cuando un Soyid lo piensa con total firmeza y fuerza, si al viento le parece digno, lo dejara elevarse.

Esa pregunta volvió a rondarme por la cabeza, ¿yo a que grupo perteneceré?
Me levanto del suelo y dejo el libro donde estaba antes. Me acerco a Plufah para ver que sigue profundamente dormido. Acaricio su cabecita con una mano, como a un perrito, pero el solo mueve sus orejitas pero no se despierta. El mismo, abra que despertarle a gritos, una sonrisa malvada se forma en mis labios.
-¡Plufah, despierta!- le grito yo a Plufah, con todas mis fuerzas.
Veo con una sonrisa como Plufah se levanta de un bote y me mira enfadado.
-¿Yo a que grupo de magos pertenezco?- le pregunto a Plufah, antes de que pueda replicar.
El me mira, cambiando su semblante por confusión y después por tristeza. El abaja la cabeza, como si estuviera avergonzado.
- A ninguno

domingo, 1 de julio de 2012

Capitulo 11: Los Antesix y los Kannok


Los Antesix

¿Qué hacen?

Hablan con las plantas. Todo el mundo sabe que las plantas no hablan, pero los Antesix pueden leer su aura, no pueden saber con exactitud sus palabras pero si sus sentimientos, si esta triste, contenta, y si te pierdes en un lugar con plantas siempre puedes pedirles ayuda para saber el camino.

Apariencia.

Suelen tener los ojos de un color verde fuerte, y su pelo, a menudo, tiene destellos verdes al ser iluminado por el sol. Pero hay excepciones. La mayoría pueden transformarse en cualquier planta para camuflarse.

Carácter.

No tienen un carácter en común, pueden ser tanto serios como alegres, tanto extrovertidos como tímidos, pueden ser de cualquier manera, no se comportan de una forma concreta.

¿Cómo hablan con las plantas?

Igual que los Lanxuas.


Los Kannok

¿Qué hacen?

Tienen una fuerza sobrehumana, pueden levantar 10.000 veces su propio peso. Cuando se enfadan no controlan su fuerza, por lo cual no es bueno hacerlos rabiar.

Apariencia.

Suelen tener el pelo oscuro con ojos de color también oscuro, normalmente grises o, a veces, marrón oscuro.

Carácter.

Suelen ser arrogantes, extrovertidos, alegres, y pocas veces piensan antes de hablar. No suelen ser muy listos.

Cae la noche y ya se me hace difícil distinguir las letras del libro aún con la tenue luz de la pequeña fogata encendida por Plufah. Dejo el viejo libro con un cric en el suelo, a mi lado, y cojo la comida que a echo aparecer Plufah, que ahora es un plato de verdura y arroz con tomate, con una botella de agua y tenedor y cuchara. Aparto las zanahorias a un lado y me como el resto, doy un largo sorbo de la tan ansiada, fresca  y gratificante agua.
-¡Bolita!- grito yo, haciendo que Plufah pegue un bote en el suelo.
Escucho un ya conocido plop y miro alrededor buscando a Bolita. La encuentro a mi derecha, mirándome con sus ojos del color de un día de tormenta, cojo el plato con las zanahorias hervidas cerca de Bolita, las olfatea y empieza a comérselas moviendo sus graciosos bigotitos al abrir y cerrar su pequeña boquita. Cuando acaba, se relame los bigotes y me sube en el regazo, la acaricio y decido dormir ya. Me estiro en suelo con una manta que me había dado Plufah antes dejando a una dormida Bolita a mi lado, pero al ver que empieza a temblar la cojo y la envuelvo en mi manta para, así, dormir escuchando su lenta y acompasada respiración junto con el vaivén de su pecho, peludo y rosadito.

sábado, 23 de junio de 2012

Capitulo 10: Los Hachias y los Lanxuas


Y yo, ¿a qué grupo perteneceré?
Esa pregunta agolpa mi cabeza con insistencia, pero la aparto a un lado para seguir leyendo.
Los Hachias
¿Qué hacen?
Los Hachias purifican, tanto a animales mágicos como a personas, pero, para ello, primero deben de tener ellos un corazón e intenciones puras. Si el corazón de un Hachia se ennegrece por el odio, la venganza o los celos, seguirá teniendo ese poder, pero lo más seguro es que lo use con fines malvados o para su propio beneficio, se llama un Hachia negro.
Apariencia.
Siempre tienen los ojos de un color claro, brillantes  y que demuestran su pureza, los ojos de un Hachia siempre muestran sus sentimientos, ya que son fáciles de leer, lo cual puede ser tanto bueno como malo. En cambio, si un Hachia se ennegrece, sus ojos se volverán negros, opacos, sin vida y será imposible leerlos hasta para un Lanxua.
Carácter.
Suelen ser muy divertidos y alegres, aunque algo inocentes, despistados y torpes. Un Hachia suele ser muy frio, poco hablador, justo lo contrario que un Hachia puro y muy calculador.
¿Cómo purifican?
Todos los Hachias tienen su propia forma de purificar, algunos dicen palabras mágicas ya que no lo saben hacer de otra manera, otros piensan en un recuerdo feliz y otros, simplemente extienden las manos, piensan en que quieren purificar y lo hacen. Si un animal mágico o persona tiene un grado de maldad relativamente bajo, después de ser purificado, se envolverá en luz y un escudo lo protegerá de toda amenaza, elevándolo en el aire, sus gritos serán amortiguados por el escudo, ya que sufrirá un dolor insoportable, que durara más días o menos según su grado de maldad. Al cabo de esos días, el escudo se disolverá y la persona o animal mágico caerá al suelo, totalmente purificado, con intenciones buenas y un corazón puro, y, no recordara nada de su vida pasada. Sus ojos se volverán como los de los Hachias, ya que después la persona también podrá purificar y por tanto también se volverá un Hachia. Si un animal mágico es el purificado, su corazón se volverá puro, pero no tendrá el poder de purificar, ya que no es una persona, pero sus ojos sí que se volverán claros. Si un animal mágico o persona con un grado de maldad alto es purificado, simplemente desparecerá en una explosión de luz.

Los Lanxuas
¿Qué hacen?
Leen la mente. Les es más fácil leer la de los Hachias gracias a sus emocionales ojos, pero en un Hachia negro es imposible. Los Lanxuas también se pueden ennegrecer, pero su aspecto no cambiara en nada, quizás su ojos se oscurezcan algo, pero sería casi imperceptible.
Apariencia.
Tienen la apariencia de cualquier humano, pero es más común que tengan el pelo de colores más bien oscuros, aunque hay muchas excepciones.
Carácter.
Suelen ser fríos y solitarios y muy muy listos. Son los mejores a la hora de pensar en estrategias. No es bueno que tengas a un Lanxua negro de enemigo, aun menos si tiene una buena estrategia pensada por si mismo.
¿Cómo leen la mente?
Hay dos formas, la más normal entre los principiantes, cerrar los ojos y frotarse las sienes, y la de los más avanzados, mirar al oponente directamente a los ojos. Cuando leen la mente deben de estar muy concentrados, el oponente notara un gran dolor en la cabeza, como un pitido, y el Lanxua vera ante sus ojos toda la información necesaria.
Escucho un dulce plop y noto un peso en mi regazo.
- A, ¿dónde estuviste, Bolita?- digo yo, con una sonrisita, mientras acaricio el suave pelaje del Ri.

domingo, 20 de mayo de 2012

Capitulo 9: El libro extraño


Los rayos de sol golpean mi cara y los pájaros cantan como un dulce despertador. Abro lentamente mis ojos y ante mi veo a Plufah que me mira preocupado, me siento en el suelo y me friego los ojos.
- Buenos días- digo yo, dirigiéndome a Plufah.
Él no pronuncia respuesta alguna y me mira preocupado, como esperando algo. Una nítida imagen pasa por mi mente, la de un bulto rosado en  mi barriga, al principio no la entiendo, pero entonces recuerdo lo ocurrido el día anterior. Recuerdos agolpan mi cabeza, aturdiéndome, me estiro en el suelo de nuevo con una mano en la frente, ya que tanta información me esta dando dolor de cabeza.
-¿Me quieres explicar dónde estabas, y por que saliste de mi barriga?- digo yo, aún estirada, sin mirar a Plufah y aparentando tranquilidad.
Plufah se mueve inquieto, sabiendo que en algún momento debería responder a esa pregunta.
- Hay muchas cosas que no te he contado- dice Plufah, de un tiron.
Eso no me sorprende mucho, ya sabía que no me había contado toda la verdad. Hago un gesto indicándole que siga. Plufah coge aire.
- Soy tu guardián- dice Plufah, yo me siento de golpe en el suelo y lo miro con ojos de no entender nada y él sigue con una mini sonrisa que después le va desapareciendo- Un guardián es un animal mágico que se encarga de enseñar y proteger a su protegida. En realidad todos tenemos un guardián dentro, que no despierta hasta que la persona destapa sus poderes, tanto por equivocación como provocadamente. Los guardianes dormimos y comemos dentro del cuerpo de nuestra protegida, ya que nos alimentamos de su energía, es como si fuera parte de tu ser. Si la protegida muere el guardián también pero no al revés, porque es como si nuestros dos corazones fueran uno solo. Seguramente debiste de preguntarte que  porque razón envíe a Malu a cuidarte pudiendo hacerlo yo, pues porque no podía despertar hasta que destaparas tus poderes. Hacia dos días que no me alimentaba, y lo necesitaba- Plufah para de hablar esperando una reacción.
- Ya me pareció extraño que en estos dos días no comieras nada, pero, dime, ¿porque no me lo contaste?- digo yo, mirándolo a los ojos, decepcionada.
El abaja la mirada.
- Porque sabia que si te contaba esto me vería obligado a ser totalmente sincero contigo- dice el, tan bajito que me tuve que acercar más para escucharlo- y contártelo todo, hay cosas que no quiero contarte…- lo ultimo no lo escucho porque lo dice en un murmullo casi imperceptible, mas para el que para mi.
-¿Qué no me has contado?- digo yo, triste y enfurismada, soy yo la que tiene poderes, soy yo, no el, la que tiene derecho a saber toda la verdad.
El se levanta y me da la espalda, sin responder a mi pregunta, de tal manera que no veo como una lagrima sale de su ojo derecho.
-“No se como pero le he cogido mucho cariño a esta niña”- piensa Plufah, secándose con la mano la lagrima traicionera.
Chasquea los dedos y escucho el ruido de algo pesado caer en sus manos. Se gira hacia mí y veo que lleva en la mano un libro gordo con la tapa forrada de piel marrón, con una gruesa capa de fino polvo. Sopla en la tapa y le quita el polvo, de tal manera que ahora la tapa se ve de un marrón más claro. El, sin dirigirme la mirada, evitándola, me extiende el extraño libro y yo lo cojo. Su tacto es suave y aterciopelado, lo abro en una pagina al azar y veo que tiene la letra diminuta y un dibujo de un animal extraño, mas o menos de la estatura de Plufah, tiene el cuerpo verde, gelatinoso, unos ojos negros, salidos de las orbitas y una boca roja con dos colmillos a cada lado, lo miro con asco, convirtiéndose en curiosidad al pasar las hojas y ver a mas animales de esa estatura, algunos parecidos y otros totalmente diferentes. Al cabo de hojearlo unos 5 minutos y ver que tiene 500 páginas, levanto la mirada, curiosa, en saber porque ese tocho de libro iba a ayudarme. Plufah se ha sentado delante de mí de nuevo y me mira con cara “tú léelo y no hagas preguntas”. Me levanto y me siento a la sombra de un gran árbol cercano, apoyando la espalda en el recto tronco, cierro  los ojos unos segundos, disfrutando de la brisa y del ruido de las hojas al moverse y lo abro para empezar a leerlo. El ejemplar es viejo, tiene las páginas amarillentas y manchadas y no tiene titulo. Lo leo:

Este libro no explica una historia de ficción, ni estas son criaturas
inventadas, si eres realmente una maga, estas letras brillaran cuando leas estas palabras.

Las letras brillan resplandecientemente y me ciegan con la luz azulada que desprenden. Las otras letras cogen una forma diferente, como cambiando, y me doy cuenta que las otras letras estaban escritas en otro idioma, pero ahora cambian al español una a una.

Si estas leyendo esto es que realmente eres digna de leer este libro.

Tipos de magas o magos

Hay cinco grupos de magos:
1. Los Hachias
2. Los Lanxuas
3. Los Antesix
4. Los Kannok
5. Los Soyid

Y yo, ¿a que grupo perteneceré?


domingo, 13 de mayo de 2012

Capitulo 8: Un amanecer lleno de sustos y sorpresas


Desvío mi mirada de Bolita y la fijo en Plufah que ha empezado a escribir en la pizarra.
-¿Qué haces?– pregunto yo.
- Escribir, te tengo que explicar otro de los animales…- dice Plufah, siendo interrumpido por mi.
-¡Ahora! Pero mira si esta anocheciendo, mejor durmamos- digo yo mientras bostezo.
- Pero si el sol aún no ha comenzado ni ha desaparecer- se queja Plufah.
- Ya, pero según mi reloj que nunca se estropea son las nueve de la noche, al menos comamos algo, que en todo el día solo he comido un cuarto de manzana- digo yo.
Al decir eso recuerdo que el otro cuarto lo guardé en mi bolsillo, me levanto de la silla y me siento en el suelo, cojo el cuarto de manzana y me lo como, o mejor dicho, lo devoro. Cuando me lo acabo, como aún tengo hambre me acerco a Plufah, que se había sentado observándome.
- Si que tenías hambre- dice Plufah, divertido, con una sonrisa burlona.
- Si, mucha, puedo pedirte un favor- digo yo y sin esperar respuesta digo- Perfecto, porfa haz aparecer un plato de macarrones,¡tengo mucha hambre!- digo yo, hambrienta y con voz suplicante.
- Vale…- se resigna Plufah.
Chasquea los dedos y delante de mí aparece un plato humeante de macarrones con tomate y queso, junto con un mantel, una servilleta, y una botella llena de agua. Sin pensármelo dos veces, acerco mis manos a la botella, la destapo, y empiezo a beber sin importarme que más de la mitad del agua salga afuera en mi intento desesperado de notar mis labios húmedos. Dejo la botella en el suelo, me limpio el agua con la manga de la camiseta,  cojo el tenedor que estaba dentro del plato y empiezo a comer con una rapidez sobrehumana, tragándome sin masticar mas de uno o dos macarrones de golpe. Al acabar, me bebo de un trago la poca agua que queda y me limpio con la servilleta. Por primera vez en los diez minutos que había estado comiendo miro a mí alrededor. Mientras mi feroz estomago se saciaba Plufah había encendido una hoguera y me miraba con ojos de sorpresa. Tiemblo un poco y un bostezo se escapa entre mis labios, me acerco al fuego para calentarme y me empiezo a dormir. Lo único que llegan a captar mis oídos antes de sucumbir ante el sueño y que mis parpados se cierren, es un leve chasquido y algo se posa encima de mí con delicadeza dándome calor para que deje de tiritar.
Me despierto al alba del día siguiente, me siento en el suelo y observo con fascinación el amanecer, viendo el sol rojizo salir tan puntual como siempre. Parpadeo cegada por la luz que desprende y desvío la mirada. Cuando mis ojos se han acostumbrado a la luz, escudriño a mí alrededor esperando encontrar a un Plufah dormido o despertando, pero no lo veo por ningún lado. Me empiezo a asustar.
-“Plufah, no te abra pasado nada, ¿no?”- Pienso yo, cada vez mas asustada.
Me levanto de golpe, pero vuelvo a caer al suelo de culo, pues tengo algo entrelazado en las piernas.
-“Con que eso es lo que me dio ese calorcillo por la noche”- Pienso yo.
Una sonrisa se forma en mi rostro, pues es inconfundible quien me puso esa manta.
-“A veces puede ser hasta tierno el borde de Plufah, las apariencias engañan”- Pienso yo.
Entonces me acuerdo de que no esta.
-“Y si un monstruo lo ha secuestrado, o quizás se lo ha comido… ¡No pienses eso!”- Pienso yo.
-¡Plufah, Plufah!- Grito yo, con lagrimas de tristeza y rabia en los ojos.
De repente, noto un dolor atroz en la barriga, como si se me fuera a desprender. De mi barriga sale un bulto de color piel que se va volviendo rosa, me parece notar algunas extremidades, pero no me preocupo por eso ya que el dolor no me deja pensar, y finalmente, el dolor cesa de golpe, y después el bulto cae al suelo. Le salen pies, manos, dedos, orejas y ojos. Se pone de pie y se gira, me mira de arriba a abajo con cara de preocupación y miedo. No lo aguanto más, en mi cabeza hay tantas preguntas y al observar a Plufah en perfecto estado y a mi barriga al aire sin ninguna herida, se me nublan los sentidos y todo se vuelve oscuridad.

sábado, 21 de abril de 2012

Capitulo 7: Los Ri


Plufah me sonríe ampliamente haciendo que parezca que en ningún momento había estado tan serio y misterioso. De repente cierra los ojos y pienso que se va a desmayar, estoy a punto de levantarme para cogerlo al aire cuando empiece a caer, pero no, empieza a hacer de nuevo esos signos extraños con las manos, se le ponen los ojos blancos completamente y de repente, aparece de la nada un libreta nueva junto con un estuche con bolígrafos y lápices a doquier sobresaliendo del mismo estuche.
- Toma- Plufah me extiende una pequeña mano peludita y yo cojo de ella la libreta y el estuche mientras el dice animadamente eso.
Los coloco encima del pupitre y me vuelvo a sentar, pues me había levantado para cogerlos.
-La especie mas inofensiva de todas es el Ri, es como un conejito, siempre de un color blanco rosado, la única manera de saber cuando es un Ri y no un conejo es lo siguiente- Plufah grita muy fuerte en un idioma parecido a unos silbidos y cacareos, yo me asusto y por unos segundos creo que estoy perdiendo la razón, que esto no es mas que un sueño extraño con cosas mas extrañas aún. – Mira.
De la nada y con un dulce plop, aparece encima de mi mesa un conejito blanco rosado, que me mira con unos ojos grises grandes que brillan con el sol. Mueve su colita de lado a lado, es una monada.
-¡Que monada de conejito!- digo yo.
Acerco mi mano a su pelaje para acariciarlo, y, de repente desaparece con otro dulce plop.
-¡Piiip! Mal, eso no es un conejo es…- dice Plufah.
Las ultimas palabras son tapadas por otro plop, y noto un peso en la cabeza.
- Es un Ri- digo yo pensando en voz alta.
-¡Exacto!- dice Plufah contento de que lo haya entendido.
Plufah empieza a escribir en la pizarra: “Los conejos y los Ri son difíciles de diferenciar, los Ri son diferentes de los conejos por lo siguiente:
- Los Ri siempre son de un color blanco rosado, el color de ojos cambia, pueden tenerlos tanto negros como ambarinos pero eso no afectara a que sea un Ri o no. Así que si es negro, blanco o marrón o cualquier otro color menos blanco rosado siempre será un conejo.
- En el caso de que el animal que desees identificar sea blanco rosado solo hay una manera de saberlo, los Ri pueden desaparecer y aparecer donde quieran cuando quieran, ese es su poder mágico, los conejos no hacen eso porque no son mágicos.”
Yo cojo al conejo de mi cabeza y me lo dejo en el regazo mientras me remuevo el pelo para quitarme el pelo del Ri. El Ri me mira con sus ojos grises y vuelve a desaparecer y a aparecer en mis brazos. Empiezo a acariciarlo.
-¿Puedo quedármelo?- le pregunto a Plufah.
- Claro que si- me dice Plufah.
- Vale, como eres hembra te diré Bolita- digo yo, entusiasmada, desviando mi mirada a el Ri, haciendo que nuestras miradas se crucen, llenas de ternura y amor.





domingo, 15 de abril de 2012

Capitulo 6: Descubriendo cosas inimaginables


- Si, entrenar, ¿Qué pasa?- pregunta Plufah.
- Nada, es que me has tomado por sorpresa, aún no estoy preparada, ¿esto es real?- pregunto yo, sin creérmelo.
Plufah se me acerca y, de improvisto, me pellizca.
-¡Ay!¡Porque hiciste eso!- digo yo, enfadada, y con lagrimas en los ojos.
Me limpio los ojos con la manga de la camiseta.
- Ves, no es un sueño, es real, ¿me crees?- me pregunta Plufah con una sonrisa picara en su rostro.
- Si, te creo, estoy despierta- acepto yo, aun sin creérmelo del todo.
- Pero, ya viste que puedo controlar perfectamente mis poderes, sino esa cosa azul me hubiera comido, y no habría podido hacer el escudo ese, ¿no?- digo yo, intrigada.
- No, no los has controlado, tus poderes salieron a la luz porque estabas en una situación critica, y ahora que tus poderes han sido destapados, deberás aprender a manejarlos porque sino se manifestaran en cualquier momento, tanto oportuno como inoportuno, y te podrían causar problemas. Y si se llega a la situación crítica, tu cuerpo podría llegar a explotar por tanto poder acumulado.- dice Plufah.
Yo me quedo aterrorizada, ¡explotar!, eso era demasiado.
- Vale, vamos a entrenar- digo yo sin poner mas objeciones, aun con miedo por la noticia.
- Y, ¿qué hago?- digo yo.
- Hay que empezar con la teórica- dice Plufah.
Se pone unas gafas de culo de botella, que saca de su pelaje, y empieza a hacer unos signos extraños con las manos, sus ojos se ponen en blanco, parece un zombie, y, de repente, grita.
-¡Silla, pizarra y tiza!
Empieza a envolverle un fuego violeta, formando un circulo a su alrededor.
-¡Hagan!- grita con fuerza.
Sin darme cuenta estoy sentada en un pupitre de escuela, tengo delante una pizarra flotando en el aire, y Plufah esta a su derecha con una tiza en la mano, sonriéndome.
-¡Uau!- digo yo, asombrada-¡Yo quiero hacer eso!
- Todo a su tiempo, Charlotte, todo a su tiempo.- dice Plufah.
- Primero hay que estudiar las diferentes especies mágicas, de la más inofensiva a la más peligrosa, aprenderás a identificarlas, a saber cuales son sus poderes y cual es su hábitat natural- dice Plufah, recordándome a mi profesor de naturales.
- Vale, cuantas hay, siete, ocho…- digo yo, pensando que deben ser pocas porque sino no se podrían esconder tan bien.
- Exactamente, 56 especies – dice Plufah, disfrutando de mi cara de pánico.
-¡Es imposible aprenderse 56 especies!- digo yo, aterrorizada.
- Espera, una última pregunta antes de empezar a aprenderme esa infinidad  de especies-hago una pausa para coger aire- ¿Qué hago en este bosque?
Plufah puso una cara muy seria, nunca lo había visto así.
- Esto es solo una suposición, pero creo que alguien con poderes te durmió, te llevo hasta aquí y te borro solo la parte de tu memoria en la que el o ella te secuestraba- dice seriamente Plufah.
-¿Pero porque alguien iba a querer secuestrarme?- digo yo sin entender nada.
- Por tus poderes- dice Plufah, aun serio.
- ¡¿Pero porque si ni yo misma sabia que los tenia?!- digo yo, entrando en pánico.
- Eso lo vas a tener que averiguar tu sola- dice Plufah en tono misterioso.
- Ya que aun no estas preparada para saber toda la verdad- piensa Plufah.

sábado, 7 de abril de 2012

Capitulo 5: Mis poderes y Plufah


-¡Despierta, despierta!- me grita una voz chillona.
Algo me balancea con brusquedad.
- No mami, un ratito más- digo yo, aún dormida y me giro en el suelo.
De repente, algo me da en la cabeza.
-¡Mmmm!, vale ya me levanto- digo yo.
Me siento y me estiro, y, de mi falda, cae algo peludo y rosa. Entonces me acuerdo de que estoy en el bosque, perdida, por lo cual mi madre no puede estar ahí. Pero entonces, ¿cual era esa voz chillona?
Me fijo en la bola rosa, la cual a empezado a levantarse, ¡a levantarse!, pero si es una bola rara, ¿no? Le salen dos patitas peludas, unas orejas de gato en la cabeza, una colita y unos ojos violeta muy grandes, parece un gato pequeño de pelaje rosa que camina a dos patas, no parece real. Me mira, enfurruñado y con el ceño fruncido.
- ¡Tu que eres!- grito, asustada, y me alejo arrastrando el culo.
- ¡Sabes el daño que me has hecho al tirarme de tu falda!- dice la bola, gato, lo que sea, mientras se rasca la cabeza.
- ¡Sabes hablar!- grito, aún más asustada que antes.
-¡Anda, te has dado cuenta tu sola, el premio Nobel a la inteligencia!- dice eso, con sarcasmo.
-¡¿Tonta, sino supiera hablar, quien hubiera sido quien te había despertado?!- dice, incrédulo, con los ojos mas grandes a cada palabra.
- ¡No se como alguien como ella a podido heredar el poder, Orosia, no se lo podrías haber dejado a alguien con mas sentido común!- susurra la cosa, sin que yo tenga la oportunidad de escucharla.
- Haber, niña, como te llames, yo…-dice la cosa.
- ¡Charlotte!- digo, molesta por su falta de educación.
- Vale, pues Charlotte- dice la cosa poniendo más énfasis en mi nombre.
- Yo me llamo Plufah y voy a ser tu entrenador- dice, sacando pecho, lo cual hace su aspecto más cómico.
-¿Mi entrenador? Perdona, pero estoy en perfecta forma, y, además, una cosita como tu no me haría ni un rasguño.- digo con voz ñoña y lo cojo en brazos y lo vuelvo a dejar en el suelo- ¿Lo ves?
- Si usara mis poderes- susurra Plufah.
- Perdona, ¿has dicho algo?- le pregunto, escrutando su rostro en busca de alguna cosa que me pueda hacer saber lo que ha dicho.
- No, nada, nada…- dice Plufah que mueve los brazos de lado a lado en un intento de que no me de cuenta de que es mentida.
- Bueno, a lo que íbamos, no voy a ser tu entrenador físico, sino que te voy a enseñar a controlar y utilizar tus poderes- dice Plufah, como si eso fuera lo más normal del mundo y que yo fuera tonta por no entender algo tan obvio.
-¿Qué poderes?- digo yo, cada vez mas confusa.
-A ver- dice Plufah, que se nota que se esta aguantando para no arrancarme la cabeza- ¿Como crees que te salio el escudo Mohtan? ¿Por arte de magia? Bueno en parte si, pero…
- ¿Escudo Mohtan?- digo yo, sin entender ni una palabra.
-¡Esa bola que te salio de la mano!- grita Plufah, al que se le esta acabando la paciencia.
Entonces de repente recuerdo todo lo ocurrido el día anterior, la roca caminante, el monstruo azul, la bola que salio de mi mano…
Escudriño mí alrededor, para ver si encuentro el cuerpo inerte de ese monstruo, pero veo que vuelvo a estar en el claro anterior.
A mi derecha hay el gato, al que había decidido anteriormente llamar Nube por el tacto de su pelaje. Al ver que lo miro se me acerca y me lame la cara haciéndome cosquillas.
-¡Para Nube, que me haces cosquillas!- le digo a Nube.
-¡Ay! Hola Malu, no me había dado cuenta de que estabas aquí, que tonto- dice Plufah a Nube.
-¡Miau!- le responde Nube.
-¿Qué os conocéis? Y se llama Nube no Malu- digo yo, aún siendo consciente de que quizás su verdadero nombre es Malu.
- Si, nos conocemos, le pedí que te vigilara hasta que descubrieras tus poderes.- dice Plufah.
- Pero como os entendisteis, el es un gato tu un…- digo yo sin saber continuar.
-Mi especie se llama Muffliano y no somos muy abundantes- dice Plufah, con orgullo de ser tan escaso.
- Vale pues que el es un gato tu un… no se que, y no habláis el mismo idioma, ¿no?- pregunto yo.
- Si, es que se hablar todas las lenguas de todas las especies, sino no me podría estar comunicando contigo puesto que mi idioma natal es otro, yo con los de mi especie no hablo Humano, hablo Muffliato- al ver que me quedo estupefacta dice- Tranquila tu también aprenderás a hacerlo en su debido momento- dice Plufah.
-Pues, ¡vamos a entrenar!- dice con energía Plufah.
-¡¿Entrenar?!

sábado, 31 de marzo de 2012

Capitulo 4: La bola de luz


Algo me sujeta fuertemente por la cintura, siento que en cualquier momento se me puede partir. Me mantiene en el aire, y, cuanta mas fuerza hago por escapar de esa fría mano azul más fuertemente me aprieta. Esa cosa, pues no se como denominarla, es azul, tiene los ojos negros y vacíos, inexpresivos, y una mirada feroz que inspira temor. Pelo blanco le recorre como una línea de la cabeza a la espalda, y también de los brazos cae una cascada de pelo blanco putrefacto. Sus uñas, tanto de manos como de pies, son largas y negras de la suciedad, y, su boca, enseña múltiples hileras de dientes afiladas como cuchillas, las cuales mueve con ferocidad. Camina a dos patas, un poco doblado, y su aliento huele a moho.
De repente, se me acerca hacia su boca y la abre, esperando, ansioso. Yo, que he vuelto a gritar y a patalear, lucho por deshacerme de esa trampa mortal. Empiezo a mover los brazos de lado a lado, bruscamente, como espantando a una mosca no existente. No estoy a más de dos centímetros de su boca, desde donde puedo verle hasta la campanilla. Muevo y muevo los brazos sin parar, hasta que cansada me empiezo a rendir. Es mi final, me ha llegado el momento de morir, pero… ¡ y todos mis sueños, mis esperanzas, esto no puede acabar así!
-¡No!- Grito con decisión.
De repente, de mi mano, la cual había abierto a un milímetro de su boca para apartarlo, surge una bola blanca, que desprende luz y calor, aunque solo la puedo mirar unas décimas de segundo porque después choca contra la cabeza del feo animal provocando una gran explosión de sonido y luz.
Caigo al suelo, aturdida y lo único que escucho antes de desmayarme es el ruido del cuerpo inerte del monstruo desplomarse en el suelo.

domingo, 25 de marzo de 2012

Capitulo 3: La manzana y la falsa roca


Esta aclarando, el sol enrojecido ya asoma entre las copas de los árboles, entreviendo rayos de luz entre sus ramas y hojas, grandes como nenúfares.
Los pájaros cantan al son de esta mañana, como un despertador dulce y sinfónico, nunca había visto tal equilibrio entre dos especies diferentes. Los pájaros saltan de rama en rama quitando frutos podridos inservibles de los árboles y los árboles parecen acariciar con sus ramas a esos pájaros coloridos, se ayudan los unos a los otros, pues los árboles dejan que los pájaros creen sus nidos y críen sus crías en sus ramas aún sabiendo que si hay mucho peso se pueden romper, se complementan.
-¡Ay!- Grito.
Algo me ha golpeado fuertemente en la cabeza, me siento en el suelo y me friego en el sitio en el que me ha dado. A mi derecha hay una manzana roja, grande y seguramente apetitosa.
-¡Grrr!- Ruge mi estomago.
Cojo la manzana y cuando estoy a punto de darle un bocado, veo por el rabillo del ojo al gato, que me mira con tristeza. Me aparto la manzana de la boca, la pongo en el suelo y, con una piedra afilada, la corto por la mitad. Una mitad la acerco al gato y la otra me la como. De mi trozo de manzana solo me como la mitad, hay que racionarla, no todas las frutas de por aquí son comestibles y la mayoría no las conozco. El gato no es tan astuto y se la come entera en dos segundos.
El gato se relame los bigotes y aún con hambre, me lame las manos, donde aún hay el jugo de la manzana. Aprovechando esa oportunidad acerco lentamente mi mano a su cabeza, el gato me mira y con ojos tiernos se acerca. Mi mano entra en contacto con su cabeza y lo acaricio lentamente. Su pelaje es suave, como tocar una nube. Me levanto y me dispongo a sentarme en la misma piedra de la noche anterior pero veo que ya esta ocupada por mi pequeño acompañante así que ocupo la otra piedra de al lado, un poco más pequeña que la anterior.
De repente, estoy en el suelo, cubierta de tierra, con el gato asustado al lado, y, la piedra en la que estaba sentada antes, unos quantos metros más adelante. Le han salido dos patitas grises y unos ojos casi a la misma altura del color de la tierra.
No era una piedra, era un animal. Eso era solo un caparazón que utilizaba para camuflarse. La cosa me mira, asustada, y se va lo más rápido que sus pequeñas patitas le permiten.
-¡Espera!- Le llamo.
Pero la cosa sigue corriendo. Salgo rápido detrás suyo, con mi fiel gato detrás. Muchas veces la pierdo cuando gira en algún árbol, pero la vuelvo a ver al cabo de unos segundos entre la espesura.
Gira a la izquierda y yo la sigo. De repente, de dios sabe donde, sale una mano azul, gigante, que me atrapa con sus fríos dedos.
-¡Que es esto!- Grito.

sábado, 17 de marzo de 2012

Capitulo 2: Cavilaciones


Camino y camino durante horas, hasta que cansada, me siento en una piedra gris. Me quito las hojas y la tierra enganchadas en mi pelo castaño, siempre me había sentido orgullosa de mi larga melena ondulada pero ahora me parecía un estorbo, ya se me había enganchado tres veces en algunas ramas bajas traicioneras. Las raíces me hacían tropezar, y ya me dolían  las rodillas de tantos rasguños. Me parece que en vez de salir del bosque, cada vez me voy adentrando más en el, pues, al principio aún veía algún animal pero ahora no veo nada más que árboles más altos y frondosos, este es el primer  claro que encuentro.
 Empiezo a pensar, desde la primera vez que he llegado, porque estoy aquí , no le encuentro sentido, un día me duermo en mi cama y al siguiente me despierto perdida en un bosque con un gato a mis pies. Desvío mi mirada perdida hacia el gato, llevaba siguiéndome desde el principio, sin quejarse ni una vez de la marcha forzada que llevábamos ni de estar ya medio día sin probar bocado. Llevaba mirándome desde que me había sentado, mis ojos verdes se ven reflejados en los suyos de color miel. Instintivamente acerco mi mano para acariciarle la cabeza.
-¡Miau!- Maúlla y se va corriendo hasta pararse en el borde del claro, mirándome.
Su reacción me despierta de mis cavilaciones y me doy cuenta de que empieza a anochecer. Imitando lo que aprendí cuando era chica scout, empiezo a recoger  leña y hojas del suelo, montón a montón, depositándolas en el centro del claro. Cuándo ya tengo la leña y las hojas suficientes, arranco una pequeña rama baja del árbol más cercano y la afilo con la piedra en la que me había sentado hasta conseguir una punta puntiaguda la cuál uso para fregar la leña de arriba del montón y encender un fuego.
No sé cuanto tiempo llevo fregando, un minuto, quizás dos, sólo se que al cabo de lo que a mi me ha parecido una hora, una chispa  brota y enciende todas las ramas y hojas secas creando un fuego que oscila con el viento. Yo me quedo delante del fuego, con las manos lo suficientemente lejos para no quemarme, disfrutando del calorcillo que emana. Y así me duermo, calentita, con un hambre voraz y muchas ganas de volver a casa.


sábado, 10 de marzo de 2012

Capitulo 1: Perdida en la nada




Me despierto. Muevo desde las puntas de los dedos de los pies hasta la cabeza, me cruje todo. No me había dado cuenta antes de lo dura que es mi cama. Aspiro el aire esperando encontrar el olor de tostadas con mantequilla y galletas, el olor que siempre hace mi casa por la mañana, pero lo que encuentro es un olor a naturaleza, un olor a sabia de árbol y el perfume de las flores, es extraño, no tengo jardín ni plantas en mi casa. Empiezo a afinar el oído, y escucho un extraño fregar de hojas, seguido de los cantos sin fin de unos pájaros, me deleito un rato con su canto hasta que caigo en que desde mi casa los pájaros no se escuchan. Abro los ojos, y, estirada, veo hojas, muchas hojas verdes formando copas de grandes árboles, asustada, miro a mi alrededor y no veo más que árboles, me siento en el suelo y me pellizco.
-¡Ay!- Grito.
Estoy despierta. Los pájaros de los árboles más cercanos se sobresaltan y salen volando armando un gran estruendo. Los pájaros no han sido los únicos que se han asustado.
-¡Miau!- Suena con ferocidad a mis pies.
Busco con la mirada el origen de ese sonido. No debo buscar mucho, porque, a mis pies, hay un gato en posición de ataque con el pelo erizado y enseñando los colmillos. Es blanco como la nieve y tiene los ojos de color miel, es precioso pero ahora me da algo de miedo. Busco en mis bolsillos y encuentro un trozo de pan, le voy dando miguitas al gato, que come con ferocidad, esta muy flaco, debe de llevar días sin probar bocado. Al final se me acaba el pan, me levanto y me caen del pecho, millones de pelos blancos, el gato había dormido encima de mi. El gato ya no estaba en posición de ataque, aunque me miraba con desconfianza, tenía la cola erguida y las orejas altas, preparado para cualquier ataque desprevenido. Miro detrás de los árboles esperando encontrar mi casa aún sabiendo que es una tontería. Empiezo a caminar por un camino de arena de entre los árboles seguida del cric-cric de las hojas cuando piso y del cric-cric del gato que me sigue, esperando que me lleve hasta la civilización.