sábado, 7 de julio de 2012

Capitulo 12: Los Soyid y la pregunta


Me despierto al notar los rayos del sol chocar con mi rostro. Abro los ojos lentamente y los cierro inmediatamente, cegada por la luz. Los vuelvo a abrir hasta la mitad y me los restriego con las manos mientras un bostezo se escapa de mis labios. Me siento en el suelo y noto un bulto calentito en mi barriga, levanto la manta y veo a Bolita dormir placidamente, me levanto silenciosamente y la tapo con la manta de nuevo, para no despertarla. Miro a mí alrededor y veo a Plufah durmiendo, miro a mi derecha y veo el libro antiguo y un bol de cereales de trigo y leche, cojo el bol y empiezo a desayunar con tranquilidad y sin prisa. Me levanto al acabar, cojo el libro antiguo entre mis manos y voy a la sombra de mi árbol favorito, donde me había colocado ayer y los otros días para leerlo. Me siento, acomodándome en la verde hierba y empiezo a leer por donde me había quedado.

Los Soyid

¿Qué hacen?

Pueden correr a la velocidad de la luz y volar, son muy ágiles y libres.

Apariencia.

Suelen ser poco pesados y a la mayoría les gusta llevar el pelo largo, aunque casi siempre recogido en una cola.

Carácter.

Son muy libres e impulsivos. No les gusta estar en espacios cerrados, prefieren sitios donde corra el viento y donde puedan sentirse liberados.

¿Cómo corren y vuelan?

Corren como cualquier ser humano, la diferencia es que van muchísimo más rápido. Vuelan pensando en el viento, los Soyid piensan en el viento y, mentalmente, se comunican con el, pidiéndole permiso para volverse ligeros, cuando un Soyid lo piensa con total firmeza y fuerza, si al viento le parece digno, lo dejara elevarse.

Esa pregunta volvió a rondarme por la cabeza, ¿yo a que grupo perteneceré?
Me levanto del suelo y dejo el libro donde estaba antes. Me acerco a Plufah para ver que sigue profundamente dormido. Acaricio su cabecita con una mano, como a un perrito, pero el solo mueve sus orejitas pero no se despierta. El mismo, abra que despertarle a gritos, una sonrisa malvada se forma en mis labios.
-¡Plufah, despierta!- le grito yo a Plufah, con todas mis fuerzas.
Veo con una sonrisa como Plufah se levanta de un bote y me mira enfadado.
-¿Yo a que grupo de magos pertenezco?- le pregunto a Plufah, antes de que pueda replicar.
El me mira, cambiando su semblante por confusión y después por tristeza. El abaja la cabeza, como si estuviera avergonzado.
- A ninguno

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